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Las ganas están sobrevaloradas

26 oct
2 min de lectura

La fuerza de voluntad no viene de serie, se construye día a día.


"Hoy no me apetece. Mañana empiezo."


Olivia tiene 43 años y trabaja de pie todo el día. Cuando llega a casa, lo único que le pide el cuerpo es sentarse. Hace unos meses decidió entrenar veinte minutos al día. No una hora. Veinte minutos.

La mayoría de los días no le apetece. Y aun así, los hace.



No es que Olivia tenga más fuerza de voluntad que tú. Es que ha dejado de esperar a tener ganas.

Las ganas son una mala guía. Aparecen cuando quieren, suelen llegar después de empezar y casi nunca antes. Si solo haces lo que te apetece, lo difícil siempre queda para mañana. Y mañana tampoco apetece.

La buena noticia es que la fuerza de voluntad no es un rasgo fijo. Se parece más a un músculo que a un talento.


El neurocientífico Andrew Huberman lo explica en su podcast al hablar de una zona del cerebro relacionada con la tenacidad, con seguir adelante cuando algo cuesta. Según Huberman, esa zona se activa cuando haces algo que no te apetece hacer, y la hipótesis es que se fortalece cuanto más la usas.

Encaja con algo que muchas personas comprobamos en nuestra propia vida: cada vez que haces algo difícil, la siguiente cosa difícil cuesta un poco menos.


Aquí está la clave: un hábito no nace siendo automático. Antes de que algo te salga solo, pasa una temporada en la que tienes que hacerlo aunque no te apetezca. La fuerza de voluntad es el puente que te sostiene hasta que el hábito puede sostenerse por sí mismo.

Por eso no se trata de aguantar por aguantar. Se trata de decidir, de antemano, qué vas a hacer, y hacerlo aunque el ánimo diga otra cosa. Leila Hormozi, empresaria y divulgadora, lo resume sin rodeos: "Fuck the mood. Follow the plan." Olvídate del ánimo y sigue el plan.

Y no hace falta empezar por lo más difícil. Al revés.


Entrena tu incomodidad elegida

  1. Elige una sola cosa pequeña que te cueste un poco: diez minutos de paseo, subir por las escaleras o dejar el móvil fuera del dormitorio.

  2. Decide cuándo la vas a hacer. Día y hora, no "cuando pueda".

  3. Hazla aunque no te apetezca. Sobre todo si no te apetece.

  4. Al terminar, fíjate en cómo te sientes al haber cumplido algo que decidiste tú.


No buscas sufrir. Buscas demostrarte que puedes hacer lo que decides, aunque no tengas ganas.

Las ganas vendrán o no vendrán. Lo que sí puedes decidir es qué haces mientras tanto.


Olivia no entrena porque tenga ganas. Entrena porque se lo prometió.

Cada vez que cumples una promesa contigo, siembras el camino hacia la persona que quieres ser. Y cada vez que no la cumples, refuerzas la idea de que no puedes.


Decide qué siembras.


Te dejo una pregunta para esta semana:


¿Qué estás dejando para cuando tengas ganas?


Cada semana envío una pregunta como esta en el boletín de Siembra. Si quieres recibirla, apúntate aquí. Y cuando hagas el ejercicio, cuéntame qué incomodidad has elegido. Leo todas las respuestas.


Nieves Jurado · Decide qué siembras y recoge los resultados que quieres.

 
 
 

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