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No tengo tiempo ¿realidad, prioridades o excusa?

15 oct
5 min de lectura

Actualizado: 25 oct

Quiero que pares unos segundos. Puedes mantener los ojos abiertos o cerrarlos, como prefieras, y pensar en eso que llevas tiempo queriendo hacer.


¿Qué es?


¿Entrenar veinte minutos antes o después del trabajo?¿Cocinar en casa en vez de pedir comida a domicilio?¿Salir a caminar por las tardes?¿Meditar por las mañanas?¿Jugar con tus hijos media hora antes de la cena?


Quizá ya lo tienes en mente.


En mi caso, desde hace tiempo quiero salir a caminar diez minutos al sol antes de empezar a trabajar. Diez minutos. En teoría, parece fácil encontrarles un hueco.


Un hombre con el teléfono boca abajo y saliendo a caminar

Pero llega la mañana y siempre aparece algún motivo para dejarlo para otro día. Entonces me descubro diciendo la dichosa frase:


«No tengo tiempo. Quizá mañana».

Y así, un día tras otro.

Sin embargo, ¿de verdad no tengo diez minutos?


Hay mañanas en las que la respuesta es sí: empiezo a trabajar pronto, tengo cosas que atender y salir a caminar no cabe sin quitarle tiempo a algo que también necesito hacer.


Pero otras mañanas la respuesta no está tan clara.


Quizá he cogido el teléfono al despertarme y he pasado más tiempo del que pensaba mirando cosas que apenas recuerdo. O quizá me he puesto a resolver una tarea que podía esperar y, cuando he mirado la hora, ya era demasiado tarde para salir.


No recuerdo haber decidido que aquello fuera más importante que mi paseo. Simplemente, una cosa ha ido detrás de otra y los diez minutos han desaparecido.


La frase que decimos casi sin pensar

¿Te ocurre con algo que llevas tiempo queriendo hacer?


A veces no decimos exactamente «no tengo tiempo». Decimos «estoy hasta arriba», «no paro» o «no me da la vida». Son frases que pueden describir perfectamente cómo nos sentimos. Yo las utilizo. Y en muchos momentos son ciertas.


Pero también me pregunto si, de tanto repetirlas, hemos dejado de escuchar lo que estamos diciendo.

Porque «no tengo tiempo para esto» puede significar muchas cosas. Que hoy no hay margen. Que estoy agotada. Que necesito descansar. Que hay otras personas que dependen de mí. O que no he encontrado la manera de hacerle sitio a algo que me importa.


No son la misma situación y, quizá, no deberíamos responder a todas de la misma forma.


¿Y si algún día tuviéramos más tiempo?

Llevamos generaciones inventando herramientas que prometen ahorrarnos tiempo, ya sea la lavadora o la opción de poder pedir comida a domicilio. Algunas lo hacen. Pero disponer de una herramienta más rápida no significa que el espacio que libera vaya a quedarse vacío. A menudo encontramos otra cosa con la que llenarlo.


Últimamente, esta pregunta ha aparecido también en las conversaciones sobre inteligencia artificial. Elon Musk ha imaginado un futuro en el que trabajar podría ser opcional. Hace unos días, Jeff Bezos planteó que la productividad impulsada por la IA podría permitir a algunas personas mantener a su familia trabajando tres días por semana.


Confieso que recibo estas predicciones con bastante escepticismo pero hagamos el ejercicio por un momento.


Imaginemos que esa promesa se cumpliera. Que, de repente, tuviéramos una tarde más libre cada semana.


¿Qué haríamos con ella?


Es fácil pensar que por fin leeríamos ese libro, pasaríamos más tiempo con alguien a quien queremos, aprenderíamos algo nuevo o saldríamos a caminar. Quizá lo haríamos.


O quizá, al cabo de unas semanas, esa tarde también estaría llena y volveríamos a decir: «No tengo tiempo».


Siempre hay algo dispuesto a ocupar un hueco

En Divertirse hasta morir, publicado en 1985, Neil Postman reflexionaba sobre el lugar que estaba ocupando el entretenimiento en nuestra relación con la información y con el mundo.


Hoy las posibilidades de entretenernos son enormes. En 2017, Reed Hastings, entonces director ejecutivo de Netflix, llegó a decir que para su plataforma el competidor más fuerte no era otra cadena, sino el sueño: cuando queremos ver un capítulo más, a veces se lo quitamos a nuestras horas de descanso.


Pero no hace falta pensar solo en Netflix o en el teléfono.


Un hueco también puede llenarse con tareas de casa, con trabajo que alargamos más de lo previsto o con planes a los que hemos dicho que sí sin detenernos a pensar si nos apetecían. Incluso podemos pasar tanto tiempo preparando el momento ideal para hacer algo que nunca llegamos a empezar.


No digo esto para convertir cada rato libre en otra actividad útil. A veces lo que queremos es sentarnos a ver una serie. O dormir. O no hacer nada durante un buen rato.


Y eso también puede ser exactamente lo que necesitamos.


La pregunta no es si estamos empleando nuestro tiempo en cosas que, vistas desde fuera, parecen importantes. Una serie puede ser el mejor plan para una persona un viernes por la noche. Para otra, puede ser cocinar sin prisas.


No existe una lista de actividades que tengan sentido para todo el mundo.


Lo que me interesa es otra cosa: ¿estoy eligiendo cómo pasar este rato o he llegado hasta aquí sin darme cuenta?


Dos pequeñas prácticas para observar tu relación con el tiempo

No voy a proponerte que organices cada hora de tu semana. Antes de cambiar nada, podemos empezar por observar.


1. Mira qué ocupa el espacio de eso que quieres hacer

Piensa en la actividad que elegiste al comienzo del artículo. La próxima vez que no encuentres un hueco para ella, fíjate en qué ha ocurrido.


Quizá has tenido un día lleno de obligaciones y, sencillamente, no cabía nada más.


O quizá sí había un momento, pero quedó ocupado por otra cosa. Puede que fuera el teléfono, la televisión, una tarea que podía esperar o un compromiso al que accediste casi automáticamente.


Si sospechas que el móvil tiene algo que ver, puedes consultar «Tiempo de uso» en iPhone o «Bienestar digital» en Android. Mira cuánto tiempo pasas en cada aplicación y comprueba si coincide con lo que imaginabas.


Es solo una pista. El teléfono también nos sirve para trabajar, hablar con quienes queremos o hacer gestiones. Y, para muchas personas, ni siquiera será el principal lugar al que se va ese tiempo.

La idea no es encontrar al culpable. Es descubrir qué pasa con ese hueco en tu vida real.


2. Escucha cuándo dices «no tengo tiempo»

Durante una semana, presta atención a las veces que utilizas esa frase o alguna de sus variantes: «estoy hasta arriba», «no paro», «no me da la vida».

No hace falta que las cuentes con precisión, aunque puedes anotarlas si te apetece. Cuando aparezca una, detente un momento y pregúntate:


¿Qué quiero decir hoy con «no tengo tiempo»?

Quizá la respuesta sea que tienes demasiadas responsabilidades. Quizá necesitas descansar. O quizá descubras que hay algo importante para ti a lo que no estás dando espacio, aunque todavía no sepas muy bien por qué.

No necesitas cambiar nada de inmediato. Por ahora, solo intenta distinguir unas situaciones de otras.


Volvamos a esos diez minutos

Es posible que mañana vuelva a levantarme y no encuentre un hueco para salir a caminar. Puede que tenga una buena razón para quedarme en casa.


También es posible que coja el teléfono, empiece una tarea que podría esperar y, un rato después, vuelva a decirme: «No tengo tiempo. Quizá mañana».


Me gustaría reconocer la diferencia.


No para exigirme un paseo diario ni para aprovechar mejor cada minuto, sino porque esos diez minutos al sol son algo que yo he dicho que quiero para mi vida.


Y tú, ¿qué llevas tiempo queriendo hacer? Cuando dices que no tienes tiempo para ello, ¿qué hay detrás de esa frase?


Os leo en los comentarios.

Nieves


 
 
 

Comentarios


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